Parkour, la disciplina que lleva 16 años practicándose en España pero nadie conoce

El pasado sábado día 22, un joven de 17 años se precipitó al vacío desde el piso número once de un edificio en el madrileño barrio de Moncloa. Las autoridades coinciden en que el joven en cuestión hacía `Parkour´, una categoría deportiva que consiste, según anunciaba la Agencia EFE, en “saltar entre tejados o correr entre los coches”.  Esta descripción que denota riesgo e incluso roza el vandalismo,  ha sido el primer contacto que miles de personas han tenido con una disciplina de cuya existencia ni siquiera conocían, un contacto  que alimenta los prejuicios que  ya existían sobre el Parkour y lo mantienen como un fenómeno `underground´  alejado de la gran masa de gente que podría disfrutar de los beneficios de la disciplina si esta se popularizara tal y como lo han hecho el  Crossfit, por ejemplo.

Si tras leer la noticia del joven que murió trágicamente después de dicha caída, un lector curioso quisiera saber más sobre el Parkour no lo va a tener  nada fácil. La búsqueda en Google, YouTube o Instagram lleva a saltos espectaculares en tejados, tomas falsas que acaban en tragedia o acrobacias imposibles que, aunque no cuenten nada sobre la disciplina, alimentan las ideas erróneas preconcebidas que dicho lector pueda tener sobre la práctica. Basándonos en esos resultados de búsqueda, podría parecer que la Agencia EFE estaba en lo cierto. El hecho de que haya que bucear demasiado en la red para encontrar información real más allá del Clickbait, representa todo un problema para el ciudadano medio, que no está dispuesto a perder su tiempo en indagar sobre el Parkour.

¿Qué es el parkour?

Al contrario de lo que dicen los resultados de YouTube y más allá de ser algo extremo, o peligroso, el Parkour es un método de entrenamiento. Uno que utiliza las habilidades motrices más primitivas del hombre que en cierto momento histórico representaron la supervivencia de la especie.

Esta práctica se basa en la ley que ha configurado por completo la historia de la evolución humana: la eficiencia; es decir, la capacidad de conseguir los máximos resultados con el mínimo gasto energético posible. La eficiencia en la administración de recursos es la encargada de conseguir que la especie humana prospere, si no fuera por ella, nos habríamos extinguido.

La combinación de la ley anterior con los patrones básicos de movimiento que ha realizado el ser humano desde su nacimiento como especie: caminar, correr o trotar, saltar, andar a cuatro patas, equilibrio y escalar, da como resultado el Parkour, que consiste en moverse de un punto elegido a otro deseado sobrepasando de manera útil, eficiente y ante todo segura, cualquier obstáculo que invada el camino. El fundador de la disciplina, el francés David Belle la definió así hace más de una década: “El Parkour en términos físicos es un camino a la esencia, eso requiere pensar con inteligencia y recortar lo superfluo, lo inútil, ir directamente a lo útil. Necesitamos ver ese lado del entrenamiento, Parkour como un método que te permite ser un poco mejor en la vida”.

Esta definición, que poco tiene que ver con los resultados que cualquier individuo encuentra en Internet, habla más bien de un fin que se encuentra en la cúspide de la pirámide de lo que debe ser el Parkour; un método para volver a nuestra esencia como seres humanos y reencontrarnos con las capacidades motrices que la evolución proporcionó a la especie humana con el fin de garantizar la supervivencia de esta en un entorno hostil  como el paleolítico en el que el ser humano era todavía nómada, todo esto con un espíritu de ayuda al prójimo.

Por lo tanto, Parkour no es más que moverse en coherencia con la evolución de la especie y utilizar los patrones de movimiento característicos del ser humano para desplazarse de un punto a otro de cualquier entorno, ya sea natural o urbano, sobrepasando todos los obstáculos (mentales o físicos) que se encuentren entre las dos localizaciones; para ello, se elegirá el movimiento más útil y eficiente siempre que prime la seguridad en el desplazamiento.

La obsesión de un hombre, el nacimiento de una disciplina

Para comprender la historia y la filosofía del Parkour, hay que retroceder hasta los años previos a 1914, la época del colonialismo.

En este período, todas las potencias mundiales buscaban aumentar su territorio, y Francia en concreto, envió sus tropas a la isla de Martinica, territorio ubicado en el Mar Caribe cerca de Barbados. En el escuadrón francés, se encontraba George Hébert, o como allí era conocido, teniente Hébert. En sus tantas misiones coloniales de conquista, el teniente se dio cuenta de que los indígenas, sin ningún tipo de entrenamiento previo tenían un cuerpo fuerte, ágil y flexible; útil, en definitiva. Durante su estancia en la isla, en el año 1902 un volcán erupcionó y el teniente, consiguió coordinar la evacuación y rescate de alrededor de setecientas personas. De este hecho nace la filosofía de lo que posteriormente se conocería como Método Natural. La experiencia del volcán hizo mella en él, reforzando la creencia de que la habilidad atlética solo sirve si se combina con coraje y altruismo en una situación de urgencia.

Hébert, que se oponía frontalmente a la gimnasia sueca (la veía como un mero conjunto de habilidades que solo sirven para ganar competiciones y que no tenían ningún tipo de transferencia a una situación real de emergencia como la que él había vivido) confeccionó ya de vuelta en Francia, un método de entrenamiento, basándose en las enseñanzas de autores de la filosofía naturalista como Rousseau. El método del teniente consistía en la imitación de los quehaceres cotidianos de los nómadas como eran: correr, nadar, saltar, trepar árboles… para poder desarrollar un cuerpo fuerte y útil. El oficial francés, tras desarrollar su método y dotarle de una filosofía: “Être fort pour être utile” ser fuerte para ser útil, en referencia a lo vivido en la erupción, procedió a establecerlo por todo el sistema militar francés.

En este punto de la historia de la disciplina es donde entra en juego Raymond Belle (1939-2000) padre de David Belle, fundador del Parkour. Raymond fue un niño soldado vietnamita que las tropas francesas llevaron a Francia cuando tenía solo 12 años separándole así de su madre. Ya en Francia, Raymond fue educado en un sistema puramente militar desde 1951 hasta 1958 año en el que ingresa por sus sobresalientes capacidades físicas en el cuerpo de bomberos parisino con tan solo 19 años.

Mientras transcurría su educación, período en el que Raymond tenía entre 12 y 19 años, fue entrenado en el Método Natural, que para entonces estaba totalmente institucionalizado y se enseñaba a cualquier militar francés. El joven conoció a Hébert en aquellos entrenamientos y comprendió que el Método Natural era un arma muy poderosa que servía para ayudar y proteger a los demás, así que empezó a entrenarlo para su día a día, incluso tras finalizar su formación militar y convertirse en bombero.

El joven era una persona muy obsesiva. Sus traumas infantiles lo hicieron así. Mientras vivía en Vietnam, su tío abusaba físicamente de él, llegando incluso a la agresión sexual. El miedo que sentía el pequeño vietnamita porque alguien más pudiera abusar de él, ya fuera física o sexualmente, se convirtió en el pilar de su vida lo que le causó una obsesión por el ejercicio físico.

El trastorno obsesivo-compulsivo de Raymond lo volvió un loco del entrenamiento, además de las sesiones con sus compañeros militares, él iba al monte a seguir entrenándose en habilidades de fuga (para huir de quien intente abusar de él) y de lucha (para quien intente hacerle frente). Tenía muy claro que nunca jamás nadie iba a volver a tocarle y actuaba para que eso se cumpliera. El que fue niño soldado, combinaba lo aprendido de los recorridos (parcours) del Método Natural de Hébert con otras enseñanzas de pelea cuerpo a cuerpo que le impartían en la academia militar y mezclándolos, creó su propio método de entrenamiento que denominó `Parcours du combattant´, los recorridos del luchador.

Los años pasaron y Raymond se convirtió en el bombero más famoso del cuerpo parisino, llegando a ser apodado “kamikaze” por sus propios compañeros, su nombre era conocido en toda la brigada. El hecho de entrenarse cada día junto con la obsesión de `ser fuerte para ser útil´, convirtieron a “kamikaze” en alguien capaz de hacer lo que sea por salvar una vida. En 1973, cuando Raymond contaba con 34 años, nació su hijo David Belle. David, que vivió bajo la sombra alargada de ser el hijo del bombero más famosos de París, pasó su infancia tratando de ganarse la aprobación de su padre. Al no obtener resultados, el joven comenzó a tratar de imitar los entrenamientos de su padre con la idea de que así Raymond por fin le haría caso. David, que vivía con su madre, divorciada de Raymond, en un pequeño suburbio a 40 kilómetros de París, tuvo que adaptar el entrenamiento de su padre, que siempre entrenaba en la naturaleza, al entorno en el que él vivía. Esta fue la primera vez que los movimientos del Método Natural, se utilizaron en el duro entorno urbano de la Francia de los 80, que había sufrido un gran cambio arquitectónico debido a la cantidad de inmigrantes que llegaron al país en los años anteriores.

David consiguió que su padre pusiera los ojos en él y por fin, padre e hijo, comenzaron a entrenar juntos, cuando este iba a visitarlo. Raymond le enseñó la lección más valiosa que él había aprendido (Ser fuerte para ser útil) y su hijo, seducido por la idea de ayudar a los demás comenzó a entrenar su cuerpo y mente cada día de manera casi enfermiza, dejó de asistir al instituto y cuando iba, se quedaba dormido en la mesa debido a la fatiga acumulada del entrenamiento.

El joven entrenaba los `Parcours´ de su padre pero su imagen era todavía demasiado grande, al fin y al cabo, `Kamikaze´ era un héroe y él solo un adolescente que vivía en un barrio marginal. En un intento por desvincularse de ser hijo del “héroe de París” David cambió la `c´de Parcours por la `k´y así nació la palabra Parkour, tan utilizada hoy en día, pero tan desconocida al mismo tiempo.

El parkour, una herramienta para huir de la mala vida

David fue transmitiendo el`ser fuerte para ser útil´a sus amigos, primos… Así, a principios de la década de los 90, cuando el joven contaba con 17 años más o menos, se creó el grupo Yamakasi, el primer grupo de Parkour de la historia. 

Esta es  una de las pocas fotos que se conserva de los miembros fundadores del grupo Yamakasi.

Los jóvenes idealistas, siendo conscientes de lo que la adquisición de unos valores altruistas representaba, invitaron a entrenar con ellos a todo el que quisiera; y con el tiempo, el grupo se fue convirtiendo en un colectivo multiétnico de jóvenes que cambiaban la violencia, las drogas, las bandas y los conflictos raciales del ghetto, por la adquisición de valores altruistas y anticompetitivos mediante una activada física que apostaba por la cooperación como método de crecimiento colectivo.

Esto se logró porque cuando Hébert hacía referencia a la fuerza, no hablaba solo de la física; a veces los mayores obstáculos son mentales, y los jóvenes de los suburbios supieron trasladar la fortaleza adquirida mediante el duro entrenamiento a sus caóticas vidas en el barrio, evitando descarrilarse y volviendo a parafrasear a David Belle, haciendo que fueran “un poco mejores en la vida”.

La separación de Yamakasi, el comienzo de la confusión

En el año 2000, con 61 años, Raymond Belle decide quitarse la vida, y por razones que a día de hoy todavía se desconocen, el grupo Yamakasi se separa. 

Cada uno de los principales fundadores toma su camino y decide hacer negocio con la disciplina. Sebastián Foucan y David Belle eligen seguir con el Parkour, mientras que los miembros restantes del grupo Yamakasi, patentan un nuevo arte basado en la expresión corporal, que además de los movimientos propios del Parkour, incluye acrobacias y cualquier tipo de recurso para hacer del movimiento algo más estético y no basarse tanto en la eficiencia. La disciplina pasaría a conocerse como ADD (Art du Déplacement). Los Yamakasi graban la conocida película que llevará el mismo nombre que su grupo en 2001 y David Belle tendrá que esperar hasta 2004 para protagonizar `Distrito 13´.

Mientras tanto, Sebastien Foucan trataría de reformular la disciplina en Reino Unido, que bajo el nombre de `Free Running´, perseguiría el mismo objetivo que el Parkour; llegar de un punto a otro, pero incluiría acrobacias para hacerlo más visual y vistoso.

Los encuentros y desencuentros entre las tres disciplinas: Parkour, Free Running y ADD, han sido los principales detonantes de la confusión en la comunidad. Incluso a día de hoy lo siguen siendo. Las controversias entre la eficiencia y la belleza del movimiento, protagonizan acalorados debates en el seno de la comunidad de Parkour, Free Running y ADD, un hecho por el que los jóvenes que se inician en alguna de las disciplinas llegan confundidos y sin información.

La introducción del parkour en España: Yamakasi

La película de los Yamakasi se estrena en 2001 y ese mismo año llega a España. Las primeras personas que empezaron a practicar Parkour en el país, lo hicieron en ese mismo año. Los pioneros fueron dos jóvenes motivados por lo que habían visto en la gran pantalla y que se habían propuesto probarlo en sus propias carnes. Sin más información que la que les dio una hora y media de largometraje, se dispusieron a tratar de imitar lo que aquellas personas estaban haciendo. Aquella chispa que encendió `Yamakasi´, sigue viva en los dos casi dieciséis años después. “Intentaba adaptar lo que veía en los pocos vídeos que había por aquel entonces a los sitios en los que entrenaba. A partir de ahí, fui poco a poco; sin locuras, buscando explorar y crear caminos alternativos. La idea que yo tenía en aquella época era muy literal y venía de la escasa información que podía encontrar al respecto, ir de un sitio a otro y superar obstáculos sin demasiada floritura”, explica Daniel Sampayo, uno de los dos pioneros en la práctica de la disciplina y el creador de la famosa web umparkour, que sería el nexo de unión entre los practicantes españoles en los años venideros.

La segunda oleada de `traceurs´, los que trazan el camino (así se denomina a los practicantes de Parkour) llegó entre 2004 y 2007 a España. La película de `Yamakasi´, así como la de Belle atrajeron al público más joven a probar sus habilidades en la calle. Los practicantes que empezaron a entrenar en este período, lo hacían con la poca información que existía en los foros franceses y los pocos vídeos que podían encontrarse en Dailymotion. El material audiovisual se utilizaba como punto de encuentro entre personas que sin conocerse de nada entrenaban en la misma ciudad y compartir una afición tan única y exclusiva como lo era el Parkour en aquel entonces, generaba vínculos de amistad perdurables en el tiempo. “Yo empecé a entrenar en el año 2006. Recuerdo aquella época con mucho cariño, todos aprendíamos de todos y cuando nos grabábamos, rara vez, esos vídeos eran para el recuerdo, no para demostrar nada a nadie”, argumenta Tamara Marfil, psicóloga deportiva y técnica de RRHH con amplia experiencia en la disciplina, una de las primeras chicas que comenzó a entrenar Parkour en España.

Youtube, el principio del fin

La plataforma online, creada en 2005, al mismo tiempo que iba ganando usuarios, también se popularizó entre la comunidad. Al principio cada grupo subía su `sampler´ o `showreel, vídeos que mostraban las mejores tomas de lo que había sido para ellos un año de entrenamiento. La gran mayoría de ellos incluían con especial énfasis el entrenamiento físico necesario para prepararse de cara a afrontar cierto tipo de saltos, detalle que brilla por su ausencia a día de hoy.

Con el tiempo, los vídeos en YouTube dejaron de ser un punto de encuentro, para convertirse en un escaparate en el que cada uno colgaba sus mejores saltos esperando la aprobación o el aplauso ajeno. Aunque los experimentados entendían que el Parkour era un método con una progresión y que era obligatorio el entrenamiento previo para la consecución de ciertos saltos, los que empezaron con el Parkour en la época de YouTube, simplemente veían el resultado del entrenamiento que efectuaban los veteranos y trataban de imitarlo sin pararse a pensar en la preparación previa que cada reto requería. Así, se comenzó a ver cómo novatos realizaban saltos para los que un veterano había estado preparándose, física y mentalmente durante años. Los excesivos impactos de cierto tipo de aterrizajes, unidos con la nula preparación física y técnica con la que los nuevos realizaban, se tradujeron rápidamente en dolores de rodilla que terminaron en esguinces o tendinitis en su defecto como lesiones más comunes.

Redbull mueve ficha, comienzan las competiciones

En este entorno `lucha de egos´ y coincidiendo con el auge de los `deportes extremos´, la empresa de bebidas energéticas Red Bull entra de lleno en el mundo del Parkour proponiendo un formato competitivo, que por coherencia con la disciplina y sus valores originales, España no acepta. El nuestro, siempre ha sido un bastión anticompetitivo preocupado por la difusión de los valores originales y en España, se ha mirado con malos ojos a quién acudía a una “competición” de Parkour hasta hace pocos años; cuando parte de la comunidad, debido a su ya edad adulta y necesidades económicas, comenzó por aceptar que aunque en los eventos competitivos no se hacía Parkour, había que “ganarse el pan y pagar el piso”.

Hoy en día, la “competición” en el Parkour está totalmente extendida, incluyendo incluso una liga profesional en EEUU, y Red Bull ha perdido el monopolio por completo, siendo los propios grupos de Parkour quienes organizan los eventos eligiendo a quienes lucharán por el premio mediante un casting llamado `submission´ que quienes quieran competir, comparten en sus redes sociales mostrando sus mejores trucos. Esto hace que el Parkour tenga que renunciar a sus valores originales de búsqueda del bien colectivo y altruismo para enfocarse en el egoísmo que crea la competición, midiendo egos y categorizando a un individuo por encima de otro en base a una compensación económica para los ganadores de dicho concurso. También deja atrás por completo la eficiencia ya que lo que se premia es la cultura del espectáculo y la dificultad del movimiento; cuanto más difícil, más arriesgado y más costoso sea, mayor oportunidad tiene el contendiente de hacerse con la victoria.

Instagram y el ego matan el altruismo

El altruismo que caracterizaba al Método Natural ha muerto como tendencia mayoritaria en el Parkour actual. La única vía realista con la que poder vivir a día de hoy de la disciplina son las redes sociales y las competiciones. Se premia la elitización de un grupo de individuos capaces de hacer algo más grande, más espectacular o más arriesgado que otro. Las redes sociales y sobre todo Instagram, la mayoritaria entre los practicantes de Parkour, ha convertido la disciplina en algo exclusivo y arriesgado, donde lo espectacular se premia con likes y el clickbait está al orden del día. Instagram es una competición encubierta entre distintos practicantes por lograr el salto más visual, más complicado… con el que ganar likes. Los practicantes con más visitas no se preocupan, o eso han demostrado, por la imagen que dan, no ven responsabilidad alguna en sus actos. Este contexto genera que con tal de destacar por cualesquiera razones: la aprobación de su grupo, de gente con más visitas, de los “influencers” del Parkour… El practicante medio se exponga cada día más al riesgo con tal de satisfacer su ego y ganarse el respeto colectivo.

En los últimos años una tipología de vídeos o fotos que han ganado popularidad tanto dentro como fuera de la comunidad de Parkour son las hechas en altura. Los pioneros en la popularización del Parkour en las alturas fueron un grupo inglés llamado Storror, cuyos vídeos y documentales han recorrido medio mundo, llegando a postularse con dos millones y medio de suscriptores en YouTube. Este grupo popularizó un movimiento conocido como `Roof Culture´Cultura de los tejados, tendencia a la que muchos practicantes se sumaron siendo una de las tipologías más populares en las redes sociales, ya que por lo visuales y los espectaculares que son, atraen al público ajeno a la disciplina.

Los saltos en altura, algo que solamente realizaban practicantes preparados física y mentalmente y con muchos años de experiencia a sus espaldas, han ido tomando espacio en los entrenamientos de las nuevas generaciones gracias a su auge en redes sociales, y aunque nunca se pensaba que fuera a suceder lo ocurrido el pasado sábado, la realidad demuestra lo contrario.

Responsabilidad

Ante tal hecho el primer responsable es la comunidad de Parkour española, que debe tomar ejemplo y ser consciente de que hay cierto tipo de contenidos que incitan a que las nuevas generaciones que sin estar lo suficientemente experimentadas ni entrenadas, tomen riesgos. Los que más influencia tienen en las redes sociales deben hacerse oír y asumir que sus conductas influyen en sus seguidores. Si la comunidad comienza a tener cuidado con los contenidos que comparte en internet, tragedias como las de Moncloa podrían haberse evitado fácilmente. Hay que mostrar el entrenamiento a las nuevas generaciones, hacer que entiendan que el Parkour es un proceso progresivo y que el que se sube a una altura; ha realizado 30 veces, o debería haberlo hecho, ese salto a nivel de suelo.

La solución es la educación

 https://youtu.be/4nn8IGa_P8o

En el contexto actual de elitismo en redes sociales, competiciones, confusión entre términos y disciplinas y falta de progresión en los entrenamientos, la solución pasa por apostar por la educación en el Parkour. Desde hace años el Parkour español cuenta con colectivos como La Asociación Nacional Difusión Activa Pro Parkour (DAPP), único organismo que opera a nivel nacional en la difusión del Parkour, Lotzen ADD, asociación que cubre la provincia de Gipuzkoa, o la empresa Indarrez add, ubicada en Bilbao…. entre otras. “Personalmente, no disfruto tanto con el resultado como con el proceso y evolución de mi entrenamiento y sentía que lo que me atraía era poder transmitir esa cultura de movimiento, esfuerzo, de dedicación, etcétera, mediante clases, en lugar de mediante vídeos o fotos en RRSS”, cuenta Asier Osma, graduado en CAFYD con siete años de experiencia en la disciplina que, junto a su socio, se ha embarcado recientemente en la aventura de crear una empresa en torno a la enseñanza de la disciplina en la provincia de Vizcaya.

Antonio Cabrera es un graduado en educación primaria que cuenta con diez años de experiencia en Parkour. Su trabajo consiste en utilizar las herramientas morales que le proporciona la práctica para educar en valores a jóvenes en riesgo de exclusión social provenientes del barrio sevillano de las tres mil viviendas. Antonio, miembro de la asociación nacional DAPP, relata lo importante que es la adquisición de valores en el público joven y defiende la inclusión social por medio del Parkour: «La disciplina es una herramienta educativa muy potente que permite trabajar además de a nivel físico, a nivel psicológico y social, aportando beneficios morales que tienen que ver con el crecimiento grupal y que tanto cuesta conseguir en la mayoría de actividades deportivas en las que se compite».

Este tipo de colectivos se extiende en España a partir del año 2012 aproximadamente, cuando los traceurs entienden que es importante que unos valores tan inusuales como los que tenía el Parkour originariamente, y que entonces comenzaban a perderse, pasen de generación en generación y no se diluyan entre el ruido de las redes sociales y las competiciones. “Observamos una degradación de los valores originales del Parkour y debido a esta falta de congruencia entre la filosofía y la práctica, decidimos tomar acción. Formamos DAPP en 2012 como herramienta de transmisión del mensaje original de los creadores del Parkour, con la responsabilidad que sentíamos por aportar nuestra experiencia y nuestro granito de arena a un contexto con el que no estábamos de acuerdo”, opina Ernest Ventura, presidente de DAPP.

Las asociaciones de Parkour; ofrecen talleres gratuitos periódicamente, extraescolares y trabajan en la creación de unidades didácticas para incluir el Parkour en las clases de gimnasia de los colegios e institutos españoles.

A día de hoy, vivir de enseñar Parkour no es una realidad tangible en España, pero los organismos educativos de la disciplina, confían en que pronto apostar por la educación como herramienta de enseñanza de valores altruistas pueda ser una profesión que pueda evite riesgos innecesarios y trágicos acontecimientos como el del pasado sábado 22 de septiembre.

Escrito por Joseba Torronteras. @JosebaADD